Se ha extendido mucho, o más bien se han encargado algunos medios de comunicación de extender, actuando como voceros de terceros, la opinión de que Bancos y Cajas de Ahorro no están dispuestos a atender las peticiones de crédito que les solicitan desde los distintos sectores económicos, tanto empresarial como familiar.
Esto que en alguna entidad o en algún momento muy concreto es cierto, por estar atravesando algún problema de liquidez, no es ni mucho menos cierto de forma generalizada, es mas podemos decir que es totalmente incierto en la mayoría de las entidades.
No sería necesario recordar, pero lo voy a hacer, el que la concesión de crédito es fundamental para el buen funcionamiento de una entidad crediticia y no solo para su buen funcionamiento sino para su existencia. No podemos olvidar que los intereses cobrados por la concesión de los créditos, simplificando mucho la explicación, sirve para retribuir el pasivo aportado por los ahorradores. Por lo tanto no considero que ninguna entidad quiera correr el riesgo de quedarse sin ingresos (intereses de los créditos) frenando la concesión de los créditos.

Debería informarse con mayor claridad al conjunto de la sociedad, gran parte de ella con escasa cultura financiera, que el dinero que prestan las entidades de crédito es el que han depositado los ahorradores y que la seguridad de sus ahorros está en la recuperación de dichos préstamos.
Lo que ha ocurrido recientemente es que se ha vuelto a la ortodoxia en la concesión del crédito, tal vez abandonada en los últimos años, al menos en España:
- El crédito debe concederse a quien mediante su actividad empresarial o su salario (en caso de trabajadores por cuenta ajena) genera recursos para poder devolver tanto el capital prestado como los intereses.
- Deben existir además unas garantías que cubra posibles incumplimiento de las expectativas de generación de recursos previstas.
- El precio a pagar por el dinero prestado tiene una prima de riesgo distinta en función de quien lo solicita y para que lo solicita, por lo tanto el interés debe ser negociado.
Estoy seguro que los millones de ahorradores existentes en España son los primeros interesados en que se conceda crédito pero crédito de calidad, crédito que no genere morosidad, es mas estoy seguro que estarían dispuestos a renunciar a parte de la retribución de sus ahorros si a cambio de ello mejorara la solidez de la entidad donde tienen depositados sus ahorros.
Tal vez el problema sea que venimos de unos años en que se había relajado en exceso los criterios en la concesión de crédito, donde se había roto el equilibrio que debe existir dentro de las entidades entre los departamentos comerciales y los departamentos de gestión del riesgo en favor de los primeros.
Hoy mas que nunca las entidades deben conceder créditos, pero como hemos dicho de calidad, que no generen morosidad y capaces de aportar beneficios con los que provisionar la alta morosidad procedente de los créditos concedidos en los últimos años.
Son muchos los que se quejan de las entidades crediticias por no conceder crédito, sobre todo los que sus parámetros de calidad no cumplen con los ahora exigidos por dichas entidades. En el caso de las empresas sería bueno que miraran sus balances y cuentas de explotación de los últimos años e hicieran autocrítica de su actuación en ese tiempo y como han llegado a la situación actual, tal vez puedan encontrar que tienen alguna responsabilidad e incluso vean que no siempre se merecen el crédito que reclaman. En el caso de las familias también habría que mirar hacia atrás y ver cual ha sido el comportamiento y como han llegado a su actual nivel de endeudamiento que por supuesto ahora les la anulado la capacidad de adquirir mas crédito. En ambos casos habría que recordar que nadie en el pasado les ha obligado a tomar ciertas decisiones que ahora repercuten en su situación.
Por cierto la líneas ICO anunciadas en las que empresarios con cierta morosidad podrían acceder directamente al crédito, habría que verla con recelo, ello puede ser un despilfarro que lógicamente pagaremos a la larga con nuestros impuestos, también los que en el pasado han actuado con ortodoxia y corrección en sus decisiones económicas.
